Estamos al aire
31 Minutos en el Tiny Desk y un adulto de casi 40 emocionado como un niño: sobre el poder de la música simple para hacernos sentir que todo está bien.
Por Matías Ibaceta

Hoy escribo porque también tengo un diente amigo y más de una vez me cortaron mal el pelo. Escribo porque me ayudó a sanar y a encontrar mi equilibrio espiritual. Porque nunca vi televisión, hasta ayer.
¿Y es que viste como sí somos el mejor país de Chile?
Lo que vivimos ayer como país es un hito cultural no menor. Y sí, me refiero a la presencia de Tulio Triviño y compañía en uno de los escritorios más codiciados de la música mundial. El Tiny Desk.

Y es que es muy curioso como un grupo de títeres y canciones infantiles, en una cosa de segundos, nos hace sentir feliz.
Ayer cerré el día y me puse a ver el video, y a mis casi 40 me emocioné como un niño. No fue una sensación intensa, pero si tuviera que definirla fue una mezcla de bienestar y orgullo constante, en la mayor parte del tiempo acompañada de una sonrisa.
Bienestar porque supongo que me llevó a un lugar seguro en mi inconsciente, de cuando todo era más simple o el mundo vivía en algo más de armonía que hoy. Y orgullo porque no es solo chileno, sino que es un fenómeno que conquistó México, Nicaragua y varios otros vecinos de la región.
Un mestizaje precioso en lo sonoro.
Pedro Piedra, Chancho en Piedra, Jani Dueñas y todo el combo, fue lo mejor que le pasó al internet. Además un dato curioso, ¿sabías que son los segundos títeres en el Tiny después de Plaza Sésamo?

¿Tú también sentiste que todo estaba bien?
El poder de la música es innegable, lo simple y no tanto de sus letras. Y todo hecho a un nivel de oficio envidiable. Todo lo que necesito para sentir que sí se puede. Digo, si un grupo de actores con títeres creyeron hace 22 años que podrían crear un programa infantil para impactar al mundo entero... ¿Por qué nosotros no?
A veces solo necesitamos un ejemplo, un guía o alguien que nos muestre que el camino existe para creernos el cuento. Entender que nada llega de la noche a la mañana, pero que la constancia trae sus recompensas. En ese sentido, muy parecido a venir a terapia.

Arriba la cultura, la felicidad y esa sensación de bienestar que nos dejan estos genios y que dura mucho más que sus 31 minutos. Arriba lo que tú quieras hacer y quien sabe, quizás en unos años más me lees escribiendo de ti y de cómo lo que haces puede terminar inspirando a otros.
Nos leemos pronto!