Se viene el día del padre
Una reflexión honesta sobre crecer sin padre, los estigmas del hombre moderno y el valor de quienes sí se ponen la 10.
Por Matías Ibaceta

En lo personal es un tema que me toca. Mis padres se separaron cuando yo tenía 3 años y de ahí en adelante quien figuraba como mi progenitor nunca más mostró señales de vida. De hecho, recuerdo que una vez a los 11 años lo busqué, pero la experiencia no fue como esperaba así que preferí dar un paso al costado en algo que además consideraba no era mi responsabilidad.
Años después en terapia pude entender cómo esto impactó en mi desarrollo y en quien soy. Sin embargo, estoy lejos de ser el único o el peor caso.
Según un estudio del INE en Chile son más de 20 mil niños/as al año los que no son reconocidos por un padre. Y no solo eso, otro estudio revela que el 47.6% de los padres no cumplen con el pago de pensiones alimenticias. Además, un 37% de los padres nunca o casi nunca visitan a sus hijos.

¿De qué se trata esto?
¿De hablar mal y desprestigiar la figura paterna?, no realmente. Mi idea era ejemplificar para valorar a quienes sí se toman el tiempo, el cariño y el rol que viene con el título de “Padre”.
Aquel que lo siente y lo honra, ese con que siempre se puede contar, para lo bueno y lo malo, ese padre.
Las exigencias para el hombre moderno no son fáciles, y el rol que espera la sociedad de él mismo, tampoco. Y por supuesto que esto incluye a quienes sin ser padres biológicos se ponen la 10 y acompañan a ese hijo o hija como tal. Sin prejuicios ni medias tintas, a punta de respeto y amor.
Se supone que un padre debe ser protector, consejero, mentor, proveedor, prácticamente un modelo a seguir. Y la realidad es que nadie, ni hombres ni mujeres, ninguno de nosotros es perfecto. Por lo que cuando esperamos por defecto todos estos atributos “perfectos” de un rol, lo único que hacemos es ponerle presión.
Por otro lado, el cargo suele (o solía) venir con estigmas, como que el hombre no puede llorar ni mostrarse débil, debe estar siempre ahí, listo y preparado para su familia. Un concepto donde el margen de error no tiene mucha cabida. Y en donde lo curioso es que se espera todo eso de un rol del que nadie te enseña hasta que te toca.
Quizás por eso los hombres consultan menos al psicólogo, porque no pueden o no se les permite fallar tanto (social y personalmente hablando).
¿Cómo fue crecer sin padre?
Curioso, tuve una madre que se hizo cargo de todo y jamás faltó ni el pan, ni el techo ni el amor. Por otro lado, entre hermanos mayores y tíos fui teniendo un montón de imágenes masculinas a las que consultar y de las cuáles aprender. Así que por mi lado, cero trauma.
Siendo honesto, siempre pensé que en algún momento de la vida nos encontraríamos en un café o un bar y podríamos aclarar qué fue lo qué pasó. Sin embargo, hace unos años me enteré de que falleció y tuve que resignarme a aceptar que ese café no llegaría nunca.
Suena triste pero estoy en paz con eso, aunque si te soy honesto, a veces envidio un poco a quienes sí tienen un papá hasta el día de hoy y mantienen un vínculo sano y bonito, aprovéchenlo.

Finalmente
Entre tantos casos que ensucian la labor de ser un buen padre, creo necesario enaltecer a quienes dignifican el título con amor y con el ejemplo sobre todo. Aquellos que dan la vida y un poco más por su familia, teniendo que luchar con estigmas sociales y cumplir con las expectativas que conlleva la labor. Aquellos padres que ponen como prioridad a su familia y que no descansan hasta cumplir con que todo esté bien.
A esos mismo padres, les quiero decir que no están solos, que no tienen que esperar hasta saturarse para buscar apoyo, que recurrir a terapia no los hace menos hombres y que la vulnerabilidad forma parte del hermoso lenguaje de nuestras emociones, el cual forma parte de ese mismo amor que buscan entregar a los suyos.
Y a ti que lees esto, nunca es tarde para hacer las paces, hacer una llamada y decir un te quiero mucho.
Un abrazo a todos y todas los y las que cumplen el maravilloso rol de ser padres.