Cuando ya no quedan ganas
Una reflexión sobre qué pasa cuando la fuerza se agota y cómo encontrar el camino de vuelta al autocuidado.
Por Matías Ibaceta

Y ahí estaba yo hace unas semanas, después de meses de recuperarme de una lesión en el hombro, retomando el ejercicio y la actividad física en general. Orgulloso de mi proceso y de todo eso bonito que uno dice cuando se vuelve a parar después de las caídas.
Pero adivina qué… me duró solo semanas hasta volver a lesionarme. Las razones pueden ser discutibles pero el sentimiento no, esto de tener que parar de nuevo y saber que aquí vamos de nuevo con más kinesiología y frustración, pero vamos.
Pensé en escribir esto hoy a las 7:00 am cuando estaba llegando al kinesiólogo con más frío que ganas de vivir. Y entre broma y broma me conozco, y me digo que ya pasé por acá, que ya sé lo que se siente y cuánto dura. Me hago fuerte de cabeza.
Porque esto de sentirse incómodo con uno mismo no es grato y en momentos de menos experiencia me llevó a unos bajones fomes.
Por otro lado sé que hay gente con problemas más graves, pero mi psicóloga un día me dijo que eso no era excusa para aminorar los propios y aquí estoy, haciéndole juicio en virtud de que escribirlo me ayude a sanar y le haga sentido a quienes me leen y puedan estar pasando por algo similar.

Cuando ya no quedan ganas o la fuerza se va desgastando
Es ahí cuando nos definimos como individuos. Entre el que tira la toalla y el que la rema.
Y ojo, no quiero decir que una opción sea mejor que la otra, creo que ambas son válidas y este no es un correo de autoayuda invitándote a sentirte invencible. Es una reflexión a mirar estos procesos desde la esperanza y la madurez en la que somos los únicos responsables de nosotros mismos y es necesario priorizarse de vez en cuando en función de nuestro bienestar.
¿Cuándo fue la última vez que te mimaste/regaloneaste?
El 24 de este mes es el día mundial del autocuidado. Ese espacio que nos debemos a nosotros mismos para sentirnos bien. Que puede ir desde un paseo a la playa, hasta una ida a comer pizza o simplemente encerrarnos a escuchar música y no pensar en nada más.

Vivimos en tiempos de inmediatez e hiperconectividad, en donde desconectarse es casi imposible. En donde disfrutar el pasar del tiempo nos hace sentir que estamos quedando fuera de algo o dejamos algo pendiente y a veces es necesario.
Que se vaya a la punta del cerro un rato tanta exigencia mental y emocional y regalémonos el espacio para no hacer nada.
Esto no significa perderse del mundo, seguimos viviendo en una sociedad en donde existen responsabilidades y tenemos que ocuparnos en algo para llegar a fin de mes. Pero que eso no te coma, eres más que un horario fijo, que expectativas, que agenda o que lo que otros puedan pensar de ti. Eres tú y te mereces lo que a ti te haga sentir bien. Y eso no lo sabe nadie mejor que tú.

Supongo que lo que quiero decir es que independiente de todas nuestras responsabilidades, nos debemos responsabilizar de nosotros en algo que nos haga sentido y sentir mejor, de ahí el bienestar.
Por lo mismo te dejo invitado/a a buscar una actividad de autocuidado para celebrar este mes y darte ese espacio que sé que estás echando en falta.