A lo más alto
Alex Honnold escaló el Taipei 101 sin sogas ni arnés — y su cerebro nos enseña algo valioso sobre la calma.
Por Matías Ibaceta

El otro día vi un tipo subiendo un edificio en Taiwan y te apuesto a que tú también. El nombre es Alex Honnold, alpinista estadounidense de 40 años y el viernes pasado se hizo famoso por escalar el Taipei 101, el undécimo edificio más alto del mundo (sin sogas ni arnés de seguridad).
En solo 90 minutos de ascenso el sujeto dio la vuelta al mundo. Pero sin embargo, lo importante no es ni el tiempo, ni el medio millón de dólares que le pagó Netflix por semejante hazaña. Si no más bien un concepto sencillo… la resiliencia.
El 2018 sufrió un accidente que lo dejó caer sobre un cuerpo de rocas a 3 metros de altura del piso. Sufrió la fractura por compresión de 2 vértebras, una cirugía importante y además unas radiografías que revelaron algo particular.

Y es que no es normal subir enormes estructuras sin cuerda sin sentir miedo, y he ahí el tema, él lo siente diferente.
Dentro de los exámenes que le hicieron luego del accidente, un estudio a su cerebro reveló que su amígdala, la región cerebral que procesa el miedo y la respuesta de lucha o huida, apenas se activa ante estímulos aterradores que inhabilitarían a una persona promedio. O sea que su cerebro no se bloquea, sino que mantiene una inusual calma, lo que le permite escalar en solitario sin experimentar el pánico.
Y que importante que es la calma
Muchas veces la perdemos porque nos supera la ansiedad o la incertidumbre y la verdad es que ninguna de esas 2 nos ayuda a resolver los problemas. Sin embargo, la calma nos da ese oxígeno que necesitamos para poder pensar con tranquilidad y reducir lo más posible los errores. Siendo más conscientes y menos alarmistas al respecto.
Y supongo que llego a esto porque la vida es como el Taipei 101, una ruta en subida, con obstáculos y que conforme vamos avanzando, cada vez se vuelve más complicada. Y si bien algunos tienen la suerte de poder subir con apoyo, otros no. Y que no se me mal entienda, todas las formas son distintas y válidas, pero la verdad es que no para todos es igual.

Entonces… ¿qué hacemos?
¿Nos complicamos por no tener la soga de respaldo o salimos jugando con lo que tenemos?
El miedo lejos de ser una alerta, debería movilizarnos. Porque el tiempo y la vida es una, y lo peor sería llegar al final arrepintiéndonos de no habernos atrevido. Tenemos la oportunidad de vivir, sentir, cambiar nuestra realidad en base a trabajo personal, análisis, calma.
Las cosas no suceden solas y los edificios no se escalan solos tampoco. Te invito a tomarte un minuto de calma, respirar, levantar la mirada y analizar en qué etapa del desafío te encuentras. Ser consciente de tus herramientas y no sentir miedo a cumplir tus metas.

Si bien la posibilidad de que Netflix te pagué por llegar a la cima es escasa, tu salud mental no tiene precio y eso es lo que más vale.