A mis 40 años he pasado de todo
Y humildemente creo que esto podría serte útil
Por Matías Ibaceta

He crecido y he caído, he ganado, he perdido y sobre todo, me he perdido.
Y de alguna forma u otra, uno de los lugares que sigue enseñándome quién soy, es la terapia.
Estos no son tips de bienestar, son reflexiones con las que me he ido quedando en el camino, las mismas que me han ayudado sentir que soy suficiente y que hoy quiero compartir contigo.

1.- No puedes controlar todo lo que aparece en la sesión.
Puedes llegar preparado/a. Puedes llevar un tema. Puedes tener una intención. Pero cuando algo sube a la superficie, o lo enfrentas con honestidad o lo esquivas. Eso aplica también en la vida. Controla lo que puedas controlar. El resto solo déjalo que fluya.
2.- El terapeuta no va a juzgarte.
No te va a juzgar por donde trabajas. No te va a juzgar por el cargo que tienes, ni por tu lugar de procedencia ni el colegio al que fuiste. Ahí adentro eres solo una persona tratando de estar presente. Y esa humildad emocional es medicina para el alma.
3.- La mayoría del trabajo pasa fuera de la sesión.
No se trata solo del tiempo en sesión. Se trata de la semana entera sosteniendo lo que se habló, de las recaídas, de las noches donde cuesta respirar bien. Eso también aplica al trabajo, a los vínculos y a todo en general. El momento que se celebra normalmente se construye en el silencio que nadie ve.

4.- Las recaídas son parte del proceso.
No son prueba de que esto no es para ti. No son prueba de que fallaste. No son prueba de que la terapia no funciona contigo. Son simplemente parte del proceso. Caes. Te levantas. Respiras. Vuelves a la próxima sesión.
5.- No toda crisis merece tu energía.
Esto me costó años entender. En terapia. En el trabajo. En la vida. No toda emoción merece una reacción. No toda invitación merece un sí. No todo pensamiento merece tu energía completa. El discernimiento y saber en donde poner tu energía también es una forma de paz contigo mismo/a.
6.- Cuando tengas miedo, respira primero.
No porque respirar arregle todo. Sino porque el pánico te hace olvidar lo que es cierto. La emoción pasa. El nudo se afloja. Vuelves a pisar tierra firme. A veces lo más sano que puedes hacer es respirar y no creerle al miedo.

7.- Los/las que más avanzan, son los/las que más escuchan.
Notan sus propios patrones. Sus gatillantes. Los silencios entre una emoción y otra. Eso es sabiduría. La vida te está dando información todo el tiempo. Solo que a veces hay que saber priorizar el silencio para poder escucharla con atención y recoger lo que estabas buscando.
8.- El bienestar hay que agendarlo.
Si no pongo mi sesión, el deporte o mi auto cuidado en el calendario, la vida llena ese espacio con algo más ruidoso. El trabajo lo va a llenar. Los mails lo van a llenar. Las obligaciones lo van a llenar. Si algo te devuelve a ti mismo/a, cuídalo como si importara. Porque importa.
9.- No eres el avance que acabas de tener.
Esta es la lección que necesito repetirme una y otra vez. Una buena sesión no me va a llevar al alta más rápido necesariamente. Así como una mala semana no es sinónimo de retroceso de todo lo trabajado. El proceso es el proceso y hay que aprender a disfrutarlo y aprender de él. La velocidad del mismo no me define, la constancia en él, sí.

Y esta es la lección real, la que pondría arriba de todas:
La terapia me sigue recordando que no tengo que actuar para merecer valor.
Que puedo equivocarme. Puedo pedir ayuda. Puedo empezar de nuevo.
Soy suficiente. Siempre lo he sido.
¿Qué espacio te recuerda a ti quién eres?